domingo, 12 de septiembre de 2010

Ni igualdad, ni libertad, ni fraternidad

Ni igualdad, ni libertad, ni fraternidad. Al presidente francés, Nicolás Sarkozy, se le acusa de poner en jaque la débil unión política europea, pero ha logrado hacer lo que ningún estadista europeo hasta ahora: mejorar la percepción que los 500 millones de ciudadanos de la Unión tienen con respecto al Parlamento Europeo:

En efecto, la Eurocámara sorprendía el pasado jueves con una clara censura a la expulsión de ciudadanos rumanos, en su inmensa mayoría gitanos, de Francia. El Parlamento Europeo se reivindicó con esta censura, hizo valer su condición de cámara representativa, aunque al mismo tiempo quienes cuestionan su utilidad refuerzan su escepticismo en el hecho de que la resolución no tiene consecuencias prácticas. No las tiene, no, de hecho la Unión Europea, y a pesar también de la censura del presidente de su Comisión, Jose Manuel Durao Barrosso, ve impasible cómo Francia, más allá de provocar la lógica vergüenza del mundo, se carga la libertad de movimientos y residencia, uno de los principales pilares sobre los que se sustenta la Unión.

Ni libertad, ni igualdad ni fraternidad. Sarkozy se carga de un plumazo lo que, al menos sobre el papel, quedaba de los principios en los que se basó la revolución de 1789. Los positivos, porque el centralismo asimilador jacobino sigue inquebrantable. También el jueves, Serbia, otro país europeo no perteneciente a la Unión pero que negocia su entrada en ella, ha vuelto a demostrar que los procesos de segregación de países europeos son compatibles con su aspiración a entrar en esta organización o cualquier otra en la que los Estados ceden parte de su soberanía. Serbia abría el jueves las puertas al reconocimiento de la independencia de Kosovo mediante una declaración conjunta de su Gobierno y la Unión Europea. A ésta sí pertenece en cambio el Reino Unido, estado monárquico en el que uno de los territorios que lo conforman, Escocia, ha aparcado, de momento, el debate de su Parlamento en torno a su independencia. No lo ha hecho por amenaza legal o de otra índole surgida desde Londres, sino porque los partidarios de la independencia, gobernantes en el país, no logran la mayoría suficiente para plantear su prometido debate.

Kosovo comparte con Bosnia-Herzegovina, Albania y Turquía la condición de país de Europa con mayoría de población musulmana. Aunque quienes como Berlusconi y Aznar fracasaron a la hora de asociar a Europa y el cristianismo en la fallida Constitución para el viejo continente, la realidad demuestra que ninguna de las grandes religiones monoteístas se libran de la intransigencia.

Estados Unidos celebraba ayer el 9º aniversario de los atentados del 11 de septiembre, en los que fueron asesinadas 3.000 personas bajo la perversa utilización del nombre de Alá. Y un pastor cristiano evangélico, alimentado por los medios de comunicación, ha estado a punto de colapsar el mundo por su amenaza de despertar a otros fanáticos capaces de vengar con muerte la quema de un libro, por sagrado que sea, llamado Corán. Fanáticos de una y otra religión se enfrentan ahora por si debe construirse o no una mezquita en el corazón de los atentados del 11-S.

Mientras tanto, en otro país de América, el 11 de septiembre era recordado también, aunque con menos eco, pero con el mismo dolor y la misma pregunta: ¿por qué? La Chile oficial, la Chile del milagro macroeconómico, la que ahora ofrece espectáculo diario con la suerte de los 42 mineros sumergidos a 700 metros bajo tierra, quiere dar carpetazo a la historia. Pero, aunque Pinochet ha muerto, sigue vigente parte de su legado. Incluso, en forma de leyes. ¿Sabía usted que en Chile no existe grupo organizado armado alguno que luche contra el Estado atentando contra la vida de otras personas? Pero 32 personas pertenecientes al pueblo mapuche, originario de aquéllas tierras, han superado ya los 60 días en huelga de hambre. Sus acciones reivindicativas atentan contra las propiedades y no contra las personas, pero a los mapuches se les aplica una ley antiterrorista promulgada en 1989 por Pinochet que les sitúa ante un tribunal militar. Los acusados no pueden ver a los testigos que hablan en su contra; del mismo modo que los chilenos parecen no querer mirar el legado que aún perdura de un pasado todavía reciente.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Resignación divina


Llegó el tan temido 31 de agosto para los europeos. En Estados Unidos las vacaciones están lejos de durar un mes pero al menos 6.000 de sus habitantes emprendieron, ese día,  como miles de europeos, el viaje de regreso a casa. Han estado a miles de kilómetros de su hogar, en tierra hostil, como se ha llamado la versión castellana de The Hurt Locker, la oscarizada película de Kathrin Bigelow. En Irak, un país en el que Estados Unidos da por concluida una guerra en la que, esta vez sí, y rompiendo el tópico, alguien gana. Porque gracias a la invasión de Irak sale reforzada la amplia amalgama de movimientos, grupos e ideas que, a pesar de las enormes diferencias que guardan entre sí, se caracterizan por su odio a Occidente.

Estados Unidos invadió en 2003 un país gobernado por un tirano genocida llamado Sadam Hussein. Y dejará un país (si alguna vez lo abandona, puesto que mantendrá 50.000 efectivos para “apoyar’ a las autoridades locales”) sacudido por la violencia y el desgobierno. Estados Unidos controla ya el petróleo iraquí a través del frágil Ejecutivo al que ha encargado el gobierno del país, nacido, sí, de unas elecciones, pero tuteladas, dirigidas e impulsadas por el invasor. ¿Qué legitimidad puede tener ese Gobierno, con qué ojos podrán mirarlo los propios iraquíes?

Con la retirada de las tropas de Irak, Barack Obama cumple una promesa electoral que suaviza la hostilidad hacia Estados Unidos. Va a centrar sus esfuerzos en Afganistán, otro país igualmente invadido, aunque eso sí, éste al menos con el beneplácito de la ONU y la frágil comunidad internacional. Otra vez, no hay que olvidarlo, un país mayoritariamente musulmán, por encima de las muchas diferencias y matices que existen en la religiosidad de sus pueblos y la interpretación sobre el Islam que hacen sus dirigentes.

Estados Unidos, incluso a pesar de Obama, sigue alimentando la mecha del odio entre los seguidores de Alá,entre los que la manipulación fundamentalista gana adeptos a pesar de la lucha de crecientes sectores musulmanes por separar la religión del estado y la política. Irak e Irán vivieron una guerra entre 1980 y 1988. Sadam Hussein, de la rama suní, aplastó a los chiíes de Irak, mayoritarios en  buena parte de su país y en Irán, donde los chiítas ostentan el férreo régimen gobernado por Mahmud Almadineyad, el enemigo número 1 de Estados Unidos. La invasión no ha unido las fuerzas de chiíes y suníes pero sí les ha sumido en el mismo sentimiento de odio a Occidente.

Stephen Hawking, uno de los científicos más reconocidos del Planeta, ha sorprendido esta semana con su tajante afirmación sobre la innecesaria existencia de Dios para explicar la vida y el mundo. Pero pretextos con forma divina siguen justificando todo tipo de opresión, violencia, e incluso guerra. El pasado jueves, sólo un día después de que las ‘tropas de combate’ norteamericanas abandonaran Irak, el presidente Barack Obama recibía en la Casa Blanca al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y  al de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas.

Netanyahu reconoció que la paz obligará a ambas partes a hacer “dolorosas concesiones”. ¿Lo ha descubierto ahora? En absoluto, Israel sabe que algún día llegará en el que sí tenga que ceder algo. Pero mientras tanto sus injusticias ganan terreno en forma de colonización de tierras que no le pertenecen. Así, el día que definitivamente negocie con los palestinos bastará con que Israel devuelva algo de lo que ha seguido ganando por la fuerza a cambio de que éstos y el conjunto del mundo islámico reconozca su legítimo derecho a existir y a que sus ciudadanos, judíos, musulmanes, cristianos o ateos, vivan en paz. La política de hechos consumados se impone. Como en el Sáhara Occidental. El lunes el gobierno español sorprendía recordando que los 14 canarios que han denunciado haber sido golpeados por la Policía marroquí en El Aiún, la capital de la ex colonia española, participaron en una manifestación ilegal. En efecto, si como legalidad se acepta la marroquí. Resignación divina.

domingo, 29 de agosto de 2010

Chile se sacude el polvo

Chile saca la cabeza. La lucha por la supervivencia de 33 mineros sepultados a 700 metros de profundidad, se ha convertido en un Gran Hermano mundial. La prueba definitiva de la trascendencia de un país en el ámbito mundial, la certificación absoluta de que ha abandonado el club de los países en desarrollo, se da cuando consigue ser noticia por hechos no trágicos.
No es difícil poner ejemplos. El descarrilamiento de un tren en Australia que no deje fallecidos pero destaque por su espectacularidad, ocupa un espacio importante en los informativos. O unas inundaciones en el sur de Estados Unidos que provoquen la muerte de pocas personas. En contraste, por poner otro ejemplo, si el descarrilamiento se produce en India y provoca una veintena de muertos puede ser tratado en los informativos de televisión en su espacio de breves internacionales. Al igual que las noticias sobre fuertes lluvias que provoquen un centenar de muertos en Filipinas.
¿Se imaginan cuántas personas morirán hoy, aun domingo, en las minas de todo el Planeta? Nadie hablará de ellas, como apenas se ha hablado de las 72 personas que han visto truncado su sueño de llegar a Estados Unidos, aun ilegalmente y con todos los riesgos que ya de por sí su aventura entrañaba. Las narco-mafias que prácticamente gobiernan México las asesinaron. Nadie les ha puesto rostro, nadie ha contado su historia, al contrario de lo que ha ocurrido con estos 33 mineros chilenos, cuya gesta, cuya lucha por sobrevivir ha centrado las preocupaciones del mundo e, incluso de la Nasa, al tiempo que la ONU sólo consigue recaudar aproximadamente la mitad de lo que pidió a las naciones y organizaciones del Mundo para atender lo más urgente en Pakistán.
Ha sido ésta una buena semana para Sebastián Piñera recién cumplidos sus primeros cien días como presidente de Chile. La gesta de sus 33 compatriotas ha sido comparada a la de su país, que tres meses después de sufrir uno de los más violentos terremotos registrados en la Tierra, ha logrado un espectacular avance de su crecimiento económico. En concreto, de su Producto Interior Bruto, esa suma que, dividida entre todos sus habitantes, indica la renta per cápita. Desde luego, la de la mayoría de los chilenos está muy lejos de la de Piñera, quien esta semana vendía su canal televisivo Chilevisión, por cerca de 130 millones de euros. Ni siquiera el hecho de que su Gobierno, el obvio responsable de supervisar que la mina cumplía las condiciones de seguridad, haya sido denunciado ante los tribunales por las familias de los 33 mineros,  le quita la sonrisa.
El mundo ha centrado su atención en Chile. Su gesta es la de su país. Y la de su Gobierno. A pesar de que si hubiera hecho lo que debía la empresa para la que trabajaban hubiera contado con una salida de emergencia que probablemente les hubiera evitado el riesgo que todavía corren. A pesar de las reiteradas advertencias de los sindicatos sobre las condiciones de trabajo que se dan en sus minas. A pesar de que éstas son atractivas para sus trabajadores gracias a un sueldo de 1.000 euros que supera en un 25% el salario medio de Chile. Chile se sacude el polvo. El país asoma la cabeza entre las naciones que nada pintan en el desorden interncional. Aunque sólo sea para dar espectáculo.

domingo, 15 de agosto de 2010

Gestos en Macondo

No hay soledad ni aislamiento que cien años duren. Salvo en la genialidad creativa de Gabriel García Márquez y su Macondo, la localidad ficticia del Caribe colombiano en la que se desarrolla Cien años de soledad, la novela que le mereció el Nobel del Literatura y obra cumbre de todo un género seguido por numerosos autores latinoamericanos, el realismo mágico.
Macondo no pero sí existe Santa Marta, ciudad de ese Caribe colombiano en la que Simón Bolívar falleció en 1830. Porque no fue casual la elección de esta ciudad como escenario del primer encuentro entre el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y su homólogo colombiano, Juan Manuel Santos, celebrado el pasado martes. Nada fue casual. No lo fue el momento escogido, sólo días después de que Santos tomara posesión de su cargo. Ni siquiera la indumentaria con la que Hugo Chávez tomó tierra en Colombia.
El mandatario venezolano ha demostrado sobradas veces que no le gusta pasar desapercibido y esta vez llegó con una chaqueta de chándal con las estrellas y los colores amarillo, azul y rojo de la bandera de Venezuela, los mismos colores, al fin y al cabo, que los de la bandera de Colombia. Simbolismo y gestos que inauguran un nuevo periodo presidencial en Colombia, el de un Juan Manuel Santos que ha hecho que en sus primeros días de mandato se destensaran las relaciones con Venezuela y Ecuador, país este último bombardeado por la Aviación colombiana hace dos años, ataque en el que fallecieron nueve miembros de las Farc, la principal guerrilla colombiana.

No bastarán pero los gestos son fundamentales en política y, éstos disipan, al menos de momento, los temores a una guerra que, por otro lado, y tal y como recordaba Fidel Castro a lo largo de esta semana en la que ha cumplido 84 años con mejor salud de la que se presumía, nadie desea. Como gesto se puede interpretar también que Israel haya decidido colaborar con la comisión de la ONU que investigará el bombardeo de la flotilla que denunciaba el bloqueo sobre Gaza y a la que asaltó en aguas internacionales causando diez muertos. Cuesta más interpretar, o probablemente no, qué simbolismo se ha buscado con que al frente de esa comisión esté Álvaro Uribe, precisamente el hombre que acaba de dejar la presidencia de Colombia y que hace dos años ordenó que la aviación colombiana bombardeara suelo ecuatoriano exponiendo a Latinoamérica y al mundo a riesgos difíciles de calcular.

No hay soledad que cien años dure pero sí organizaciones internacionales que los cumplan sin servir para aquello para lo que nacieron. Cachemira ha vuelto esta semana a los informativos. Pero esta vez no por la disputa de India y Pakistán sobre este territorio, sino porque sus habitantes, con pasaporte indio o pakistaní, lo han perdido todo sin que se haya celebrado una sola cumbre para atender la emergencia.
No hay magia que cure la cruda realidad del mundo pero sí gestos que la mejoran. Como la de esos montañeros vascos que se vieron atrapados por las inundaciones en Cachemira y, en lugar de regresar o viajar a otro lugar para seguir con sus vacaciones, decidieron quedarse a ayudar. Ahora sólo falta que multinacionales como Kellog’s o Nestlé les emulen, porque tras los incendios que han asolado Rusia se temen ya nuevas hambrunas por la carestía del cereal. Pero me temo que pensar eso sí es poco realista. O puro realismo mágico.